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RESTAURANTE

La Bahía a un lado, el Océano al otro, al fondo Cádiz, "salada claridad", y a mitad de camino, sólo, como un broche luminoso y albo, que une el azul del cielo con el mar, hay un edificio aislado, blanco de cal, andaluz por los cuatro costados... "El Chato".

El Ventorrillo "El Chato" fue construido en 1780, para alivio de caminantes, en el espigón polvoriento que unía Cádiz con la Isla.

Es la historia inconcreta, mezcla de datos y suposiciones, envuelta en una duda emocionante que nos hace buscar, en la cal de las paredes del sótano, las voces y las figuras de los que allí estuvieron cuando las tropas francesas, en 1812, sitiaban la ciudad y se instaló en la venta una batería de cañones para hostilizar el enemigo que disparaba desde el Trocadero.

Se dice que la venta fue fundada por autorización de Conde O´Reilly, por Chano García, a quien apodaban "El Chato" por causa de su gran nariz. Y cuentan también que en 1823, cuando las Cortes del Reino apresaron a Fernando VII en un encierro tan benigno que le permitía ir de aquí para allá a divertirse donde quisiera, el rey solía visitar el ventorro acompañado de un personaje llamado “Fray Manzanilla”. El “Fray” le venía de su apariencia de fraile, con el pelo cortado en redondo alrededor de la cabeza y una calva a modo de coronilla. Lo de “manzanilla”, claro está, por su afición a este vino. “Fray Manzanilla” se encargaba de buscar entre las mozas que bailaban en la venta las idóneas para divertir al Deseado, a quien agradaba extraordinariamente el contoneo de las bailarinas gaditanas.

En 1945, el día 13 de febrero, la Comisión de Tipismo y Folklore Gaditano se reunió en “El Chato” para rendir homenaje a su presidente, José María Pemán, acordando “para hacer memoria de este suceso, poner en sus manos un ánfora conteniendo las esencias del folklore y tipismo de la Ciudad de Cádiz, que sirva como relicario de las más puras y genuinas tradiciones para que, depositándolas en la hornacina que entre sus gruesos e históricos muros se ha socavado, persistan en el correr de los tiempos y no falten en el pensamiento y en el animo de los buenos gaditanos... a fin de que todos los que quieran beber de su espíritu eterno y vigoroso, peregrinen a esta venta para sentir la llama ardiente del gaditanismo”

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